Gabinete De Ambagedores

29 03 2007

Bando 056 (Concur…)

Clasificado en: Boletín general, CarcaVera

(CarcaVera)

 El gabinete, animado por esta imagen que trajo PusilániMan en cierta ocasión, decidió en una de sus juntas acercar la labor que viene desarrollando desde sus orígenes al pueblo que lo sustenta y justifica. Se acordó celebrar una nueva junta con un único punto en el orden del día: decidir la forma en que dicho acercamiento sería materializado.

 Surgió la idea un poco inocentemente, en medio de un bullir de propuestas altisonantes e irreflexivas, pero pronto obtuvo la inquebrantable adhesión de todos los presentes en la sala, dadas las ocultas ventajas que tenía frente a todas las demás alternativas.

 Se celebraría un concurso cuyo objeto sería el libérrimo análisis de la foto mentada, abierto a la participación de toda persona, animal o cosa ajena al propio Gabinete, a presentar en soporte digital y formato comentario, cuyo premio habría de consistir en un…, en un… Bueno, aquí fue donde el entusiasmo, acusado de prevaricación, huyó por la puerta de atrás y se eligió, en subjunta extraordinaria, a la circunspección como nueva consejera delgada.

 Los ambagedores, miserables, no tuvieron la honestidad de retractarse del informe completo y, tras sopesarlo fríamente, optaron por seguir adelante con la propuesta de un modo parcial, maquillando la polémica decisión con un ‘no es este el proceder del Gabinete, el uso del concurso como medio de acercamiento al pueblo no responde al espíritu de nuestra institución’.

 Temerosos de que se pueda descubrir el subrepticio y malicioso modo de operar, que oculta un interés por evitar cumplir con su trabajo vendiéndoselo a otro como una brillante experiencia, me han implorado que sea yo, que realmente ni quito ni pongo en este Gabinete (bueno, poner, un poco sí que pongo) quien les haga llegar a ustedes la propuesta.

 Y aquí me tienen, cumpliendo con un papel que no es el mío; vamos, más o menos como lo que se espera de ustedes. Así que ya saben, analicen y comenten, comenten, que tiene prem…

[a] The music - Welcome to the north

24 01 2007

Prolija alfarería

Clasificado en: Boletín general, CarcaVera

(CarcaVera) 

 Mi amiga, compañera de trabajo desde siempre, está inconsolable ahora que se ha enterado de que el gobierno ha decidido quitar a la talla 46 el sobrenombre de ‘especial’. Ella, ninguneada por la sociedad, usada como un pañuelo de papel, abusada, inolvidable por desconocida, que encontraba unos pocos restos de la humanidad necesaria, aun a base de autoengaño, al entrar en tiendas de ropa y responder ante la pregunta de "y usted es…" con un risueño "especial", ella, digo, sigue sin creerse que incluso aquí la sociedad le dé una patada en el culo y la meta en el mismo y vulgar cajón que a tantas otras, indefinibles, anónimas. Porque nadie le dijo nunca una cosa tan bonita, porque en su vida no ha habido palabras amables ni piadosos favores.

 Y esta redefinición de lo políticamente correcto empieza a ahogar, de tan estrecha. A la gente no le ofende la imagen que los medios ofrecen, a la gente le ofende no responder a tales cánones, a la gente le reconcome la envidia. Porque la solidaridad está muy bien vista cuando la ejerces tú, pero la imagen de víctima que lleva asociada una solidaridad de sentido inverso es demasiado pesada como para salir a la calle con ella.

 Y cuando uno se olvida de que la creación, como arte, dispone del soporte elegido en función de los resultados deseados y no de lo que decreta esa dictadura que, a veces, es la mayoría -no quedarían cuevas sin paredes pintarrajeadas si nadie hubiera roto con esa cosa confundida con la tradición, que es el rancio asiento de dicha mayoría-, cuando esto ocurre, la libertad se ve coartada y el arte deja de existir como concepto.

 Como nos sobran, vamos a gastarnos los dineros en maniquíes de escaparate nuevos, que respondan a la media ofrecida por un estudio no más barato realizado sobre un espectro representativo de mujeres españolas (no me atrevo a decir que, en un mundo tan global, el estudio debería hacerse sobre una muestra universal de mujeres por si me copian la idea). Ahora también nos disgustan las muñecas, los objetos inanimados, las perchas. Pues para eso, yo propongo que se obligue a todo el mundo a comer hasta el umbral del reventón, a ponernos gordos como peonzas, todos por igual, no sea que alguien se pase y reclame ese guiño de complicidad de la sociedad para volver al redil del que se autorretira voluntariamente, víctima de su ambigua autoestima y de su inseguridad; que nadie pueda ser más, que al que sea menos se le excluya. Y que se condene a la ignominia a ese degenerado de Giacometti, por obsceno.

 Que yo no pueda dedicarme profesionalmente al baloncesto por culpa de mi altura no ha de significar que se deba fijar un máximo de estatura de, por ejemplo, 1′75 m. para poder hacerlo; simplemente, que debo dedicarme a otras tareas y no tomarme este deporte como algo más que un mero entretenimiento. Lo que me temo es que, si a todo el mundo se le antojase afinar la puntería frente a una canasta y que le pagasen por ello, acabarían ejecutando tal medida opresora o bajando las canastas, no se vaya a ofender el discriminado de turno.

 Y poco más. Para la resolución del resto de matices, hagan un uso más adecuado de la educación, que es donde residen todas las respuestas y las bases para evitar que la envidia, el capricho y la falta de personalidad nos gobiernen. ¿No creen que están siendo crueles cuando están buscando la igualdad a base de bajar el listón? Así todos conseguimos medallas, pero recapaciten sobre su posible devaluación. Y recuerden que la continua pelea de superación es contra uno mismo, tiren con los genes que les han tocado y procuren hacer más fácil la vida del prójimo.

 En sus adoradas tiendas de ropa, mi amiga dejará de ser especial, pero yo, que no me fijo en las tallas de fuera, seguiré considerándola como tal. Faltaría más.

[a] Howie Day - I’ll take you on 

22 08 2006

Cursos de verano (Teología, y III)

Clasificado en: Boletín general, CarcaVera

(CarcaVera)

 Nada, que me han dejado aquí sola. Iba a cerrar el ciclo de Teología de estos apasionantes cursos de verano PusilániMan, pero se ha rajado al ver los comentarios que dicho ciclo suscitaba y el poco número de matriculados. Me han dicho que, como el local ya está pagado, entretenga yo al público con lo que se me ocurra. Como, obviamente, no traía nada preparado, improvisaré valiéndome de experiencias cercanas…

 Sí, ya sé, les hablaré de mi hija: mi hija se siente a gusto en el colegio en el que toma clases. Cuando llega a casa, se pone a hacer sus deberes diarios con premura, con gran dedicación y, por lo que veo, sin demasiado esfuerzo. Y aunque parezca extraño, casi la totalidad de dudas que comparte conmigo son debidas a la asignatura de religión; nada de matemáticas, historia o cosas por el estilo. Ayer, mientras me preguntaba sobre el sentido de algunas frases un tanto oscuras y retorcidas de esas que jalonan nuestras más comunes oraciones, rememoré aquellos días del pasado en que yo debía de contar con su misma edad. Recordaba esos momentos en que mi madre me recomendaba pedir a Dios por los muertos, por aquéllos que, debido a pequeñas faltas, no tenían asegurada la inmediata salvación y necesitaban de pequeños empujones o intersecciones nuestras en forma de rezos. "¿Y cómo sabemos cuándo nuestras oraciones han cumplido su objetivo y dejan de ser necesarias? ¿Qué pasa con esas oraciones de más, no sirven para nada?", inquiría yo.  Mi madre reía y decía que nuestros rezos no se perdían, que todas aquellas oraciones dichas en favor de un muerto que ya había alcanzado la gloria, las guardaba Dios para el día de nuestra partida de este mundo a esferas más altas. Con la clarividencia que otorga la infancia, no tardé mucho en coger la costumbre de pedir a Dios por gran cantidad de santos reconocidos y de gran prestigio social, sabedora de que todos aquellos ruegos repercutían de forma directa en mi cuenta de mercedes y, llegado el momento de hacer balance, tendría una gran reserva de ruegos, súplicas e intersecciones que convertirían en mero trámite mi fugaz paso por aquel purgatorio de almas impuras. Le cogí afición a esto de la santidad, me convertí en una ávida lectora de hagiografías y pronto tuve una imagen global de cómo debía de estar ordenada aquella lejana sala celestial, quiénes eran los que ocupaban estancias más altas, dónde sucederían los más encendidos debates, quién se llevaría mejor con quién, a qué grupo se juntaría cada uno de mis ascendientes… Parece raro, visto con la distancia que provoca el tiempo, que ningún rayo de luz emitido por alguna excelsa santidad a través de sus lecturas, me derrumbara de mi cabalgadura y me hiciera torcer por el buen camino. Al contrario, terminé por tomar como modelo de vida el de aquella María Magdalena, de vida más dispersa, pero con un trato, sin duda, mucho más íntimo y cercano con las bases.

 Supongo que, después de lo dicho, sobre aclarar que yo soy una de esas personas que cruzan la calle sin mirar a los lados…

[a] Atticus Fault - Mary Mother

03 06 2006

En mi azafate (temporal)

Clasificado en: Boletín general, CarcaVera

(CarcaVera)

 "Siento esta aparente superficialidad, esta trivialidad que hace de nexo entre nosotros. Contengo palabras más sentidas que luchan por salir de mi boca en un alarde de temeridad: las veto, no conozco la bienvenida  que se pueden encontrar a su llegada, y me temo que no sea una fiesta cuando antes no han avisado de sus intenciones. Me esfuerzo por hacer gala de una ambigüedad que no cierre ninguna esperanza. Quiero ser cursi, ñoño, zalamero. Alzo el dedo ensalivado en busca del mejor viento; lástima, no sopla a favor. Intento comunicar con la mirada lo que mis labios no moldean, pero el sol fustiga mi espalda y no encuentro rayos que generen esa chispa en la retina imprescindible para que tú notes algo. Ya no me vale el hola y adiós y un beso en la mejilla, las fórmulas, las convenciones, esos formalismos insidiosos… Y temo el momento, de inevitable aparición, en que la relación, a falta de nutrientes, comience a marchitarse, se pierda el cosquilleo, y esas palabras vacuas que ahora pronuncio acaben por ser las que siento".

 Imaginen cómo me he quedado al encontrarme esta nota. ¿Es esto una declaración de amor, de intenciones qué van más allá de una relación meramente profesional? Desgraciadamente, no va firmada: estoy rodeada por una legión de cobardes. Lamento la inevitabilidad que se adivina en su conclusión, el hecho cierto de que, censurando el anhelado paso al frente, sus palabras se carguen de razón y queden verificadas por la realidad frustrante que obvia la metáfora y descansa sobre relaciones simples, directas, que no conoce nada más allá de los fenómenos que la generan y conforman. Lo lamento por él, por ese anónimo cercano que ha creído/querido ver en mis acciones un significado trascendente similar al que él se esfuerza en otorgar a cada uno de sus movimientos; debe de ser agotador. E improductivo.

[a] The Goo Goo Dolls - Become

02 05 2006

FIB 002

Clasificado en: Boletín general, CarcaVera

(CarcaVera)

 Lejos de aparentar soberbia, tengo que comunicar con rubor y humildad que la diana a la que apunta la composición de ayer es una servidora. Conociéndoles como les conozco, la certeza de tal afirmación no debe sorprenderme. Le pregunté a PusilániMan por el autor de una cosa tan bonita y él no pudo resistirse a decirme la verdad y autoinculparse. Se ganó una rebaja. Hace escasos minutos, tras un fugaz encuentro con Perogrullo en su despacho, desde donde estoy escribiendo, me asaltó una duda fundada que me hizo repetir la pregunta. También él se destapó como la pluma que creó tales palabras. Horas antes, comenzaba a fraguarse la incertidumbre cuando A.Ceguero se avalanzaba sobre mí y musitaba, como haciéndome cómplice de un secreto, que aquellos versos los había escrito pensando en mí. "¿Lo hiciste tú?", pregunté con inocente asombro; "por supuesto, sí, lo hice yo". Ecólalo venía unos metros más atrás: "sí, lo hice yo" fueron sus reveladoras palabras. Malditos cabrones, habían estado jugando conmigo por separado y sin explicarme las reglas. Un largo paseo me ha servido para despojarme de toda la mala leche que portaba a su costa e, incluso, para apreciar la devoción que, a su manera, me profesan. No son culpables de tratar de aprovechar las casillas con oca para avanzar y ahorrar tiempo y energías en su camino hacia la consecución inconfesa de una relación que supere a la meramente profesional. Porque quiero pensar que no hay motivos económicos en actos tan infantiles…






















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