Aviso 003 (de mudas)
(Luther Blissett)
Dentro de una semana, lo de hoy pasará al recuerdo. Trato de metérmelo en la cabeza porque la trascendencia no asimilada a tiempo se torna pesadilla recurrente, tristeza inútil.
Dentro de una semana, ya no seremos aquí; quedará lo que fuimos, tan insondable a veces; aparecerá lo que no nos atrevimos a ser por miedo.
Casa con posos.
Sobre otros posos.
Estratos de la memoria muda.
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Nos mudamos. Acomodaremos nuestro sopor en estancias nuevas.
Regresamos a la República de Ostracia, recia región (con R de tierra, de territorio, de terreno, de permanente sacrificio sin recompensa segura); sensible, amable (con sílabas balsámicas).
Ostracia favorece la comunicación interna, la apacible escucha del discurso interior, pero carece de vías de comunicación aceptables con lo foráneo, por lo que habrán de tener paciencia. Y confianza: la falta de movimiento será una señal de disfunción en la cadena, pero no habrán de dudar de nuestro inquebrantable pedaleo.
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La morada que abandonamos volverá a su integridad con la venida de nuevos inquilinos. Y será otra vez morada, pero cualitativamente se convertirá en algo nuevo. Su carácter, desde la idea con que la han de vestir los futuros ocupantes, tendrá poco que ver con todos los anteriores, fuera de las meras coincidencias. Pero será auténtico, como en todos los episodios pasados; episodios de convento, de seven eleven, de juzgado de guardia, de bar/restaurante, de psiquiátrico, de consulta médica, de calabozo, de sala de placeres y torturas… Cuenta la leyenda que le dijo la historia que le confesó la casera que hubo un tiempo en que fue también casa de lenocinio; que por eso el abogado ahora; que por el subarrendamiento antes.
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Mancharon de atardecer los frescos del mediodía. Dicen que para darle actualidad. Metieron cable para reducir las emociones a meros sentimientos. Y pulirán el suelo, para que Narciso no se percate de las manchas del techo.
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Pero esto último lo harán cuando ya nos hayamos ido, cuando hayamos dejado la casa desentrañada. Ahora nos queda la sufrida tarea de meterlo todo en cajas lo más ordenadamente posible: cada objeto con su respectivo recuerdo, cada recuerdo con su respectiva lágrima -o marca de agua- (por seguridad). La actividad devolverá nuestras conciencias a los dominios de la lucidez, tan ásperos generalmente. Y regañaremos al tiempo por ser tan estricto; el tiempo que nos expulsa de nuestro hogar como hiciera con el resto de hogares construidos a base de verdadera voluntad. Pero esta vez ha de ser la última, porque, mientras el tiempo hacía de las suyas, nosotros nos jugábamos lo poco que nos quedaba en un sorteo de obstáculos y nos llevábamos todos los premios, lo que nos ha permitido ir dándole de lado hasta hoy. Pero, una vez dilapidada tal fortuna, el bonito manto da paso a un alud vengativo que desconoce el significado de la piedad y nos desposee de la tierra prometida. Le damos la espalda al tiempo con gesto derrotado, pero con una sonrisa en el rostro: somos marionetas del destino, el plan va por buen camino.
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En buena compañía, la seguridad se apalanca en el lado de lo obvio y desaparece el miedo. Nuestro único temor era que el cielo cayera sobre nuestras cabezas, y tal posibilidad únicamente era posible en el cuarto de baño.
Hoy, lo del hilo musical va dedicado, con todo nuestro cariño y nuestros más subrepticios deseos, a esos otros inquilinos silenciosos; discretos y abnegados compañeros…
[a] Papa Roach - Scars
