Bando 036
(Luther Blissett)
Cruzo por debajo del potente foco y, a medida que me alejo, mi sombra crece y el negro se redistribuye por ella mientras su densidad disminuye; pasa al gris oscuro y al gris claro al mismo tiempo que se acerca al infinito y acaba identificándose con la oscuridad normativa. Eso o comida por la luz de la siguiente farola. Paseo por entre los árboles disfrazados de misterio. Cae la noche suave e indefectiblemente. Pesa menos que el día, como la conciencia de quien la atraviesa. La fauna no oficial se despereza y se prepara para una jornada que, en esta época del año, es más larga de lo acostumbrado. Disminuye la frecuencia de las pisadas que velaban su sueño. El silencio es la alarma que los hace salir de sus camastros. En las grandes explanadas, son los seres más volátiles quienes vigilan, incorpóreos, de agudísma voz, vestidos de brisa, centinelas de los pensamientos quedos, mercenarios de la soledad. Las grandes aglomeraciones son territorio vedado, no se les requiere. El parque que me vio en la ida no es el mismo de la vuelta. Ahora, las paredes blancas son de un azul agrisado, los artificiosos reductos de natural verdor han sido sustituidos por otros de color negro y han soltado a los gatos pardos. Lo lejano se ha fabricado con menor esmero. El grueso telón de la noche, de tacto sedoso, me oculta el horizonte y ya no es necesario fabricar matices. A cambio, me permite vislumbrar el infinito con mayor nitidez.Y como los ruidos han venido a menos, se amplifica su intensidad, para que el producto se mantenga. La noche suena grave y marca el ritmo para el resto de instrumentos. Acompaso el corazón. Los adoquines están fríos. Los bolsillos ya no. Al final, todo se reduce a un simple problema de densidades.
[a] M83 - Unrecorded
