Gabinete De Ambagedores

22 08 2006

Cursos de verano (Teología, y III)

Clasificado en: Boletín general, CarcaVera

(CarcaVera)

 Nada, que me han dejado aquí sola. Iba a cerrar el ciclo de Teología de estos apasionantes cursos de verano PusilániMan, pero se ha rajado al ver los comentarios que dicho ciclo suscitaba y el poco número de matriculados. Me han dicho que, como el local ya está pagado, entretenga yo al público con lo que se me ocurra. Como, obviamente, no traía nada preparado, improvisaré valiéndome de experiencias cercanas…

 Sí, ya sé, les hablaré de mi hija: mi hija se siente a gusto en el colegio en el que toma clases. Cuando llega a casa, se pone a hacer sus deberes diarios con premura, con gran dedicación y, por lo que veo, sin demasiado esfuerzo. Y aunque parezca extraño, casi la totalidad de dudas que comparte conmigo son debidas a la asignatura de religión; nada de matemáticas, historia o cosas por el estilo. Ayer, mientras me preguntaba sobre el sentido de algunas frases un tanto oscuras y retorcidas de esas que jalonan nuestras más comunes oraciones, rememoré aquellos días del pasado en que yo debía de contar con su misma edad. Recordaba esos momentos en que mi madre me recomendaba pedir a Dios por los muertos, por aquéllos que, debido a pequeñas faltas, no tenían asegurada la inmediata salvación y necesitaban de pequeños empujones o intersecciones nuestras en forma de rezos. "¿Y cómo sabemos cuándo nuestras oraciones han cumplido su objetivo y dejan de ser necesarias? ¿Qué pasa con esas oraciones de más, no sirven para nada?", inquiría yo.  Mi madre reía y decía que nuestros rezos no se perdían, que todas aquellas oraciones dichas en favor de un muerto que ya había alcanzado la gloria, las guardaba Dios para el día de nuestra partida de este mundo a esferas más altas. Con la clarividencia que otorga la infancia, no tardé mucho en coger la costumbre de pedir a Dios por gran cantidad de santos reconocidos y de gran prestigio social, sabedora de que todos aquellos ruegos repercutían de forma directa en mi cuenta de mercedes y, llegado el momento de hacer balance, tendría una gran reserva de ruegos, súplicas e intersecciones que convertirían en mero trámite mi fugaz paso por aquel purgatorio de almas impuras. Le cogí afición a esto de la santidad, me convertí en una ávida lectora de hagiografías y pronto tuve una imagen global de cómo debía de estar ordenada aquella lejana sala celestial, quiénes eran los que ocupaban estancias más altas, dónde sucederían los más encendidos debates, quién se llevaría mejor con quién, a qué grupo se juntaría cada uno de mis ascendientes… Parece raro, visto con la distancia que provoca el tiempo, que ningún rayo de luz emitido por alguna excelsa santidad a través de sus lecturas, me derrumbara de mi cabalgadura y me hiciera torcer por el buen camino. Al contrario, terminé por tomar como modelo de vida el de aquella María Magdalena, de vida más dispersa, pero con un trato, sin duda, mucho más íntimo y cercano con las bases.

 Supongo que, después de lo dicho, sobre aclarar que yo soy una de esas personas que cruzan la calle sin mirar a los lados…

[a] Atticus Fault - Mary Mother

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Hoy nada, resplandores.

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